Reflexiones sobre la efectividad real de las auditorías del “Process Safety Management System” y su aplicación. En búsqueda de PSM – 3E.
CÉSAR COLMENARES, LINGO ALVA Y FRANCISCO HURTADO
Cuando leímos el artículo de ioMosaic “If Your PSM Is So Great, Why Are You Still Having Accidents?”, pensamos que valía la pena reflexionar sobre por qué siguen ocurriendo accidentes graves en industrias que cuentan con sistemas de gestión de seguridad de procesos (PSM) aparentemente sólidos, que son capaces de superar auditorías.
Desde nuestra experiencia trabajando mano a mano con industrias de diferentes sectores y países, consideramos que es esencial hablar sobre la diferencia entre tener un sistema PSM que cumple los requisitos y tener un PSM efectivo, eficaz y eficiente (3E).

Actualmente, la mayoría de las empresas que operan en entornos de alto riesgo disponen de políticas, procedimientos, guías, y procesos estructurados que se asocian a la seguridad de procesos; realizando las acciones en estos establecidas, con periodicidad exigida. Sin embargo, la cuestión clave no es si existe todo eso, sino cómo se aplica, con qué calidad y con qué nivel de criterio técnico.
El cumplimiento de las exigencias del sistema PSM es efectivo para validar la sistematización del modelo implementado y superar las auditorías, pero es la calidad técnica la que marca la Efectividad (reduce el riesgo de los MAH) del sistema y, por tanto, lo que realmente previene los accidentes, con mecanismos que además son Eficientes (controla riesgos con equilibrio ALARP) y Eficaces (cumplen con las exigencias). Sistema PSM3E.
La brecha entre “cumplir” y “controlar el riesgo” se hace evidente cuando se usan matrices de riesgo descalibradas, se identifican escenarios PHA de forma incompleta o se asume que las barreras funcionan sin verificar su efectividad y confiabilidad. También ocurre cuando las recomendaciones propuestas reducen el riesgo solo en papel, pero no en la operación real, por falta de validación en campo y disciplina operativa. Esto se agrava si la gestión se basa en información de seguridad del proceso desactualizada o si los MAH se definen y administran de forma tan genérica que dejan de apoyar la toma de decisiones.
Todos estos detalles rara vez emergen en una auditoría tradicional y son aspectos que marcan la diferencia entre un sistema efectivo y uno meramente documental.

Para identificar brechas técnicas, que se asocian a la efectividad de los sistemas durante los procesos de evaluación y auditoría, es necesario que quienes intervienen en ello, sean profesionales con experiencia en análisis de riesgos, en seguridad funcional, en integridad mecánica, en gestión del cambio, en respuesta a emergencias y otros elementos del sistema. Pero, sobre todo, que apliquen una mirada que vaya más allá del checklist y se centre en cómo se comporta realmente el riesgo en la operación.
Para detectar brechas técnicas reales en evaluaciones y auditorías del PSM, se requiere un equipo con experiencia en análisis de riesgos, seguridad funcional, integridad mecánica, gestión del cambio, respuesta a emergencias, cultura de seguridad, indicadores del PSM, entre otros. Pero, sobre todo, hace falta una mirada que vaya más allá del checklist y se enfoque en cómo se comporta el riesgo en la operación, profundizando las barreras funcionan de verdad.
Las organizaciones que avanzan más rápido y con madurez son aquellas que adoptan un enfoque práctico y técnico: donde se toman decisiones según la probabilidad de los escenarios, la salud y capacidad real de reducción de riesgos de las barreras, la rigurosidad con que se gestionan los cambios, el monitoreo de las fallas de los sistemas de prevención y la efectividad con que los indicadores capturan lo que de verdad ocurre (síntomas). Todo esto no debe hacerse como un ejercicio teórico, sino más bien como una forma de trabajar que permee en la cultura y en la toma de decisiones del día a día.
Cuando el PSM se vive así, deja de ser un sistema que hay que mantener para convertirse en una herramienta que orienta las operaciones, prioriza recursos y reduce la incertidumbre.
Al final, la respuesta a la pregunta planteada en el artículo es menos evidente de lo que parece: no basta con tener un PSM bien estructurado, lo que marca la diferencia es la calidad técnica, la coherencia operativa y la capacidad de convertir los análisis en decisiones que reduzcan el riesgo de verdad, cuidando de forma sostenida la salud de las barreras. Y en ese terreno, la mayoría de las organizaciones aún tiene un amplio margen de mejora.



